miércoles 11 de febrero de 2009

Pasión narrativa y éxito literario


Suelo escribir por la noche, justo antes de irme a dormir. En más de una ocasión la gente a la que se lo he comentado se ha echado las manos a la cabeza, incrédulos ante este hecho. Tras cenar, antes de dormir... bueno, se supone que uno ve la televisión, lee un libro o hace cualquier cosa que no sea muy compleja; ya no quedan fuerzas tras todo el día. Esto es válido para muchas personas, y lo veo normal.

Pero no es mi caso, y no creo que lo sea nunca.

Hablo con conocimiento de causa. En bastantes ocasiones he intentado escribir por la mañana, en plenas vacaciones, cuando no hay ninguna obligación o tensión a la que hacer frente. Imposible, tengo la mente espesa, vacía de ideas. Prefiero escribir de noche, aunque sea lo último que haga en todo el día.

Mi método no es mejor ni peor que el del escritor mañanero, sólo es distinto. Pese a esto, estoy seguro de que hay un concepto, un matiz que nos une a ambos: escribimos con pasión, con ímpetu y energía. No importa si es pronto o tarde, es nuestro tiempo de escritura y lo aprovechamos al máximo, o al menos ésa es la idea. Si estamos cansados o somnolientos, no lo notamos. Es algo secundario.

El acto de escribir nunca debería ser un trabajo, un obstáculo o reto que nos haga sufrir cada vez que nos plantamos ante el folio o la pantalla de ordenador. Deberíamos enfocarlo como un juego, un divertimento. ¿Por qué agobiarse? Con eso sólo consigues que estés limitado a tus propios miedos y temores -algunos infundados- sobre la calidad final de la obra. Pero el peor enemigo del escritor no es una mala obra -de la que también se aprende-, sino el folio en blanco.

El hecho de divertirnos mientras escribimos no significa que tengamos que tomárnoslo a la ligera. Para mucha gente -me incluyo- es o bien un medio de vida, o una necesidad constante, esa droga creativa y aparentemente inocua que necesitamos casi todos los días. Es genial que la escritura sea importante para ti, en serio, pero no puedes permitir que se transforme en una obsesión que te haga sufrir. Al fin y al cabo se trata de arte, no de rellenar formularios con una suite ofimática. No podrás dar lo mejor de ti mismo a no ser que abras la mente y te olvides de todos esos problemas que te rondan.

Es obvio que cada uno tiene sus expectativas, y si bien una persona se puede conformar -¡y de sobra!- con el mero hecho de escribir algo y terminarlo -ya sea una poesía, un relato, una novela o una representación teatral-, otras tienen la esperanza de ganar algún concurso, ser publicados -no confundir con la autopublicación y/o coedición-, o incluso crearse una vida laboral con ello.

Todas estas personas comparten el medio inicial: escribir. Y todas ellas deberían olvidarse de cualquier cosa que no sea su propia historia o concepto mientras dan rienda suelta a su arte. Lo que tenga que ser, será. Si te gusta el resultado, ya arriesgarás cuando lo termines ¿Para qué preocuparse mientras? Es como si un navajero deja de hacer navajas porque empieza a pensar en el uso que les dará luego la gente...

Si para ti escribir es un sacrificio, si "no tienes tiempo" o peor aún, "ganas" para hacerlo, entonces estás muy lejos de dar lo mejor de ti mismo. Esto también es aplicable a esa gente que escribe con la pretensión -muy idealista, por cierto- de sacar beneficios directos. Bueno, para empezar, es algo complicado -puede estar toda la vida esperando-, y tarde o temprano, si no obtienes los resultados esperados, lo dejarás de lado.

Lamento decir que no será una gran perdida para el mundo literario.

Que tú escribas con pasión e ilusión, sin tener en mente -al menos en primera estancia- posibles logros sociales o económicos, no significa que no lo puedas lograr. De hecho, el escribir lo que sientes, y amar lo que escribes, constituye el camino más corto y directo hacia un hipotético y nunca asegurado éxito.

¿Que lo logras? Perfecto. ¿Que no? No pasa nada, seguirás divirtiéndote igual con cada palabra que inmortalices.

Esto no es mera palabreria. Los lectores notan la pasión y las ganas del escritor por hacer una buena obra, fresca y natural. Es un concepto general, incluyendo a amigos, conocidos, parientes de amigos, editoriales, agentes literarios, etc.

Si tienes pensado escribir el siguiente Best-Seller, adelante. Investiga, mezcla conceptos de obras afamadas y redacta esa mezcla esperpéntica que te catapultará al éxito. Si lo logras, enhorabuena, pero ¿qué pasará después? ¿Y si te ofrecen redactar un tipo de historia concreta? ¿Y si ya no tienes ideas o conceptos que plagiar?

Escribir debería ser una relación íntima entre el escritor y su subconsciente. Una pareja que día a día, palabra tras palabra, se vayan conociendo un poco más, viendo los puntos fuertes y débiles, las limitaciones y virtudes. Uno debe amar lo que hace, porque quizá así, si el destino lo ofrece, estará en disposición de dar lo mejor de sí mismo, en cualquier circunstancia.

Si no, siempre puede seguir escribiendo.
¿Quién se resiste a pasar un agradable rato de recreo diario?