Como su propio nombre indica, diez apartados que considero de especial relevancia para sentirnos más a gusto con nosotros mismos y nuestro entorno. Este decálogo no deja de ser una recopilación de las reflexiones anteriormente expuestas en el blog.

Debido a su extensión, lo dividiré en dos partes. He aquí los cinco primero conceptos:
1) Respeta a los demás.
Esto no sólo se refiere a no menospreciar y agredir a la gente, sino a tolerar y valorar opiniones divergentes. No existe la verdad universal, y por tanto cada opinión cuenta como un grano más en la comprensión objetiva de cualquier asunto. Quizá tú sepas más que esa persona sobre algún tema en concreto, pero eso no impide que puedas contrastar otras opiniones.
El respeto a los demás se fundamenta en otorgar libertad a cada ser humano. Libertad para decidir, para opinar, hablar, valorar. Todos los respetos son necesarios: el respeto a la familia, a los amigos, a la pareja, a los compañeros de trabajo... No hay seres humanos de primera y de segunda clase. La dignidad de uno mismo empieza en el trato a su entorno.
Cuando alguien dé una opinión que no compartes, dilo, pero hazlo sin resultar ofensivo y a autoritario, expón tus puntos de vista y razona con objetividad. Si alguien hace algo que te ha ofendido o dañado, no te lo calles y haz a esa persona partícipe de tu molestar. No hay nada de malo en compartir nuestros sentimientos, pero sí en destruir en el proceso la integridad o libertad de la otra persona.
Si tienes dudas, pregúntante lo siguiente: ¿Te gustaría que te hiciesen a ti lo mismo?
Si tienes dudas, pregúntante lo siguiente: ¿Te gustaría que te hiciesen a ti lo mismo?
2) Sé siempre sincero.
No importa el momento o el lugar; acostúmbrate a hacerlo. Hay muchas menos "mentiras piadosas" necesarias en el mundo que las que solemos usar. Mentir a alguien es poner en tela de juicio la confianza de esa relación. En el famoso cuento de "Pedro y el lobo" el pastorcillo siempre mentía con la llegada del lobo, y cuando en verdad el lobo vino, nadie le creyó. Eso es lo que conseguirás si juegas con tu entorno, si les utilizas con "mentiras piadosas" para tu propio beneficio.
Tarde o temprano te descubrirán, y entonces tendrás que afrontar las consecuencias.
Decir la verdad no significa ser cruel o "borde". Es un acto de honestidad que debería ir acompañado de la diplomacia y educación que nos permita expresarnos sin resultar agravantes.
La gente cercana que en verdad te aprecie -y sean buenas personas- no deberían ofenderse al oír cosas que no les gusten. Es mucho peor el callarse la realidad y seguir en un pozo insondable de mentiras y confusión.
En las relaciones de pareja una de las principales causas de ruptura es divergencia de opiniones y modos de vida de los dos miembros implicados.
La otra es la falta de transparencia en la relación. Los oscuros tejemanejes y parches hipócritas.
3) Sigue tu propio camino.
Si tienes unos gustos, inclinaciones y metas futuras en la vida, ¿por qué negártelas? No hay nada de malo en escuchar y valorar las opiniones de tu entorno, pero no por ello la tuya propia es menos valida. Ambas son importantes -casi diríamos imprescindibles- para una vida sana y equilibrada.
¿Quién elegirá el trabajo o la carrera a estudiar en tu vida? ¿Quién elegirá tu pareja y tus amistades? Cada persona debe trazar su propio camino. Quizá a veces se equivoque, sin lugar a dudas, pero justo por ello existe el sentido común: si nos hemos equivocado debemos reconocerlo y agradecer las orientaciones que hayamos recibido del exterior.
La gente te puede aconsejar y orientar, pero no deberían marcar cada paso que des. Hay decisiones en la vida que deben nacer de uno(a) mismo(a) si queremos convertirnos en adultos eficientes y maduros.
Llega un momento en la vida en que ya no eres un(a) niño(a) y no vas a tener a ese hermano o hermana mayor que te ayude a solucionar el problema.
Y es que, en verdad, el tomar las riendas de nuestra vida no es tan angustioso o complicado como pudiera parecer. Te reconfortará y te hará sentir más válido y necesario.
4) Mantente siempre humilde
No importa los logros que hayas alcanzado y lo alto que hayas llegado en la vida. Mantente humilde porque es una de las bases de una vida plena y satisfactoria.
El humilde aprende de sus errores, valora las opiniones ajenas y sabe, nunca olvida, que tiene cosas que mejorar, al igual que muchas otras de las que sentirse orgulloso y dar las gracias. El humilde no se crea enemigos aunque él o ella gane diez veces más de dinero que la gente que lerodea, porque no hace ostentación de su estado ni denigra el de otros. Es, en definitiva, igual de humano y cercano que lo fue siempre.
No hay peor cambio en la vida que el que nace de creernos superiores una vez nos situamos en escalafones superiores a la gente que nos rodea. Aquellos que cambian de este modo se vuelven autoritarios y egocéntricos, se creen el centro de atención del mundo, la opinión maestra y preponderante.
Lo único que están consiguiendo es que la gente -quizá incluso esas personas que antes la apreciaban- la odien y repudien. Podrá tener éxito y fama, sí, pero ¿merecen la pena de este modo?
Es estúpido. Está sacrificando su pasado por su presente actual, enturbiando, más de lo que cree, su futuro.
5) No seas un esclavo del consumo.
No necesitas gastarte todo ese dinero en la última tecnología, ropa, alcohol, etc. El adquirir más y más bienes no te va a hacer una persona mejor y más feliz, sino todo lo contrario. Cualquier exceso es malo en la vida, y consumir sin control alguno equivale a una enfermedad tan notoria como la ludopatía o la degeneración sexual.
Dedica unos minutos al día a pensar en lo que realmente eres en la vida, tus logros y defectos, tus metas y fracasos. Analízate y comprende que, para ser feliz, no necesitas todo lo que la "teletienda" siempre está dispuesta a ofrecerte. Si tienes problemas, éstos van a seguir ahí, adquieras lo que adquieras. Si lamentas tus acciones, ninguna tarjeta de crédito va a perdonarte y hacerte olvidar el asunto.
Las distracciones y bienes de consumo son necesarios y útiles en nuestra sociedad, pero siempre como complemento al propio sujeto. Al igual que una casa no comienza a construirse por el tejado, el estar en paz con uno mismo empieza en adaptar y depurar nuestro comportamiento ante la vida y los demás. Ya habrá tiempo luego de evadirse y disfrutar de ese capricho que tanto nos apetece.








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