miércoles 4 de marzo de 2009

Decálogo para una vida sana y equilibrada 2/2

Segunda parte, con los cinco últimos consejos (no por ello, menos importantes):



6) Aprende del pasado y de tus errores


Todos cometemos errores. La diferencia es que unos aprenden de ellos y otros se hunden, pensando que tal acción les acompañará de por vida. Es la gente que se castiga durante meses e
incluso años por algo desagradable que ocurrió en el pasado.

Aprender de tus experiencias consiste en analizar lo que hicimos y las circunstancias que en ese momento padecimos. Jamás se debería juzgar a personas que conozcamos por otras del pasado (ej: en una nueva relación comparar e identificar a la otra parte con antiguas parejas). Cada persona es un mundo, y no merece estar expuesta a un ojo crítico y desconfiado que esté "a la defensiva" en busca inconsciente de las negligencias de anteriores relaciones. No es justo, ni para la otra persona, ni para ti.

Superar el pasado no significa olvidarlo, pero sí saber que no tiene por qué volver a repetirse, no si sabemos hacer las cosas bien y con sensatez. En el mundo hay buenas y malas personas, así como gente que mejora con los años y no lleva siempre el castigo de su inmadurez a cuestas.

Todo depende de aprender con lo vivido, y ser un poco mejor día a día.


7) Ponte siempre en el lugar del otro.

No me refiero sólo a la empatía, el entender y valorar las opiniones ajenas, sino a saber que no eres la única persona que sufre en el mundo, que hay gente que está en peor -mucho peor- situación que tú. Que no eres el centro de atención ni el epicentro de los problemas de la humanidad.

Ver la vida con perspectiva equivale a comprender que todos somos humanos, y que por tanto padecemos y cometemos errores o incluso injusticias de vez en cuando. Que nada ni nadie es perfecto, y que una persona puede tener mucho dinero y éxito social, y sin embargo estar necesitada de salud o de verdadero afecto desinteresado. Cada uno tiene sus propios problemas y no tiene más remedio que aprender a combatirlos. Puede que estés pasando una mala racha, de acuerdo. Pero piensa: pese a esto... ¿Hay alguien en peor situación que tú? No hace falta irse al tercer mundo para conocer la respuesta. Y todos sabemos cuál es.

Deberías dar gracias por todo lo que tienes y disfrutas, pese a tus carencias. No todo el mundo puede decir lo mismo.


8) No te obsesiones con ningún área.

Es fantástico que tengas una meta definida en la vida. Quizá quieres ser médico, actor, juez... la cantidad de deseos y proyectos es abismal y llena de matices. Si es tu caso, lucha con ímpetu y alegría por lograr tu meta, pero no te olvides del resto de áreas de tu vida, o lo acabarás pagando caro.

Que quieras centrarte en un campo concreto (ej: trabajo), no significa que debas despreciar otros (amigos, familia, relaciones...). Puede que así consigas tu objetivo, sí. ¿Pero a costa de qué? De sacrificar otros sectores que, lo creas o no, en verdad son igual de importantes.

¿De qué le sirve a un rico empresario todo su dinero y poder, si ya no tiene apenas amigos que confíen en él, si su familia le aborrece por el hombre maniático y egoísta en que se ha convertido? ¿Es necesario y beneficioso el estar rodeado de decenas de amigos, si luego éstos te manipulan y eres incapaz de decidir y de progresar en la vida por ti mismo?

Los extremos nunca fueron buenos, sean del tipo que sea.

Dedica tu vida a potenciar no un sólo área concreta, sino el conjunto de todas ellas. Ser un poco mejor cada día en cada una es más beneficioso y saludable que convertirse en un acaudalado de una y menesteroso del resto. No te compensará, ni a ti ni a tu entorno.


9) Sé un ejemplo para tu entorno.

Siempre va a haber personas cerca a las que podamos aconsejar y guiar en la vida. El ejemplo más claro de esto es de los padres y sus hijos, pero no es el único. Deberíamos ser un modelo de conducta y civismo para con nuestros coetáneos, un bastón en el que puedan apoyarse y a su vez un jarro de agua fría que les despeje cuando no obren como deberían.

Cada persona cuenta, y a veces escuchar a la gente, comprenderla y valorarla, significa mucho más de lo que a priori puede parecer. No se necesitan títulos en psicología o sociología para guiar a nuestro entorno. En verdad, ni siquiera necesitamos en la mayoría de las ocasiones orientar de manera activa sus acciones. Sólo debemos estar ahí, dar ejemplo -no alardeando de ello- con nuestra conducta y siendo un marco de referencia.

Orientar no es coaccionar. Cada persona debe ser libre para poder trazar su destino y no deberías ser un impedimento para su auto realización. Pero eso no significa ser un espejo o un cero a la izquierda. Puedes compartir opiniones, consejos y experiencias, a fin de enriquecer la relación y poder tener más puntos de vista sobre lo que valorar los diferentes asuntos que la vida te vaya planteando.

Todo se resume en saber si vas a estar disponible para esa gente que quizá algún día te necesite.


10) No te olvides de sonreír.

Porque no cuesta nada y en verdad merece la pena. Sonreír como modo de vida frente a la gente, ser agradable y cercano, saber reírse de uno mismo y enfocar la vida con optimismo y esperanza.

Pero también saber sonreír frente a los problemas, pensar que, aunque contando excepciones trágicas como fallecimientos y derivados, no deberíamos hundirnos por los errores y fracasos que cometamos. Hay que quitar lastre y pensar en lo positivo del asunto. Algo habrás aprendido de todo el asunto, por poco y nimio que parezca.

Quien no aprende a reírse de sus defectos no sale fortalecido de ellos. No debemos tomarnos la vida tan en serio, no merece la pena.

El sonreír no va a eliminar todos nuestros problemas, pero al menos los enfocamos con energías renovadas y un espíritu optimista y expectante. Es el primer paso para poder solucionarlos.

Y por si todo esto fuera poco, mejorarás y sanearás tus relaciones y crearás vínculos humanos más consistentes y empáticos.

¿Necesitas de más motivos acaso?