
Uno de los aspectos más importantes en la narrativa es el identificarte con el lector. Tanto si cuentas un drama amoroso, como si tu historia navega entre la distopía de un futuro cercano o las ensoñaciones de mundos imposibles, tu papel es el de convencer a tu público y, en el mejor de los casos, enamorarles. El ego personal y las ansias de intelectualismo redundante del autor no tienen cabida alguna.
Existen muchos autores, generalmente amateurs, que se quejan de un mundo cruel e insensible que no sabe ni quiere comprender su arte. Se jactan de saber escribir, de un conocimiento lingüístico y ortográfico encomiable, y sin embargo no atraen las miradas ajenas. Su obra, si bien respetada, no ahonda en los lectores, no los seduce. No los divierte.
Un ejemplo improvisado de lo que este tipo de escritores calificarían como su arte superior, lo podemos ver a continuación:
Dicho texto es correcto a nivel formal -de hecho, puede considerarse un buen texto-, pero una cosa es escribir un fragmento con este estilo y contenido, y otra muy distinta el hacer una novela así.
Expresar los sentimientos no debería ser un tema tabú para el autor, pero tampoco el caballo de Troya que encandile a los lectores. Lo siento, pero no es probable que funcione. Tan importante como el intimismo y la sensibilidad del autor es la trama, el estilo, los personajes, los desenlaces imprevistos... Se puede escribir historias en base a sentimientos y sensaciones, pero no esperes que la gente que te lea te alabe e inste a leer más cosas tuyas.
Es sencillo: no les diviertes. Y el motivo principal de esto, lo quieras o no, es que no escribes para ellos, para la gente, sino única y exclusivamente para ti mismo. ¿Significa eso que debemos pensar en la gente al escribir, que nuestras inclinaciones naturales no cuentan? ¡Para nada! Ningún extremo es nunca bueno, y tan nefasto es encerrarse en uno mismo como prostituirse artísticamente para llegar a un público más amplio.
Se trata de ser honesto y tener un cierto sentido del espectáculo. Puedes escribir obras con fuerte carga ideológica y moral ( Fahrenheit 451 de R. Bradbury, Las uvas de la Ira de J. Steinbeck, etc.) y no por ello aburrir o cansar al lector. Muy al contrario, tu obra crece en matices y profundidad, y emociona a la vez que intriga.
Lo que no puedes -debes- hacer es escribir 300, 400, 500 páginas de fusión entre tú y la naturaleza y esperar que te lluevan las alabanzas. La narrativa se basa principalmente en una buena historia y algo que contar, algo colectivo y que la gente pueda entender. Si prefieres centrarte en obtusas metáforas y complicadas florituras en base a un lenguaje personal e intimista, mi consejo, sin acritud alguna, es que te dediques a la poesía. O que escribas un diario personal.
Esto no es una crítica a los poetas, ni mucho menos. Y al igual que en dicho arte, por sus propias características, resulta grotesco plantear una historia en trama folletinesca -o al menos a un nivel profundo de acciones y reacciones, descripciones y diálogos-, lo mismo ocurre con una obra narrativa que sólo se basa en la visión personal que tiene el autor y la autora sobre su mundo. Como ya digo puede estar bien escrito, e incluso ser ensalzada por cierta crítica afín, pero no llegará muy lejos. La identificación con el lector medio roza la inexistencia absoluta.
Cada arte tiene su lugar, y es valorado en consecuencia; nada más.
Veamos ahora un fragmento de texto narrativo cercano.
Este fragmento está escrito de una manera más informal y cercana. El lector quizá no se asombre frente a la destreza léxica del autor, pero ni falta que hace. Está planteando un contexto, una intriga y evolución contextual. El uso de términos coloquiales con referencias a la cultura popular actual (encerrada "como un gremlin") no la hacen perder puntos; el autor no escribe peor por incluir tal referencia.
¿Es este texto mejor que el anterior? Soy incapaz de decirlo. Lo que sí que puedo afirmar es que cualquier persona que lo lea lo entenderá más, con el consiguiente interés que de ello deriva.
Escribir de manera cercana no significa renegar de los cultismos y las argucias del lenguaje, sino usarlos de manera esporádica y efectiva. Es como el ejemplo del chocolate: una onza solitaria es irresistible, pero gramos y gramos de este adictivo dulce son perjudiciales para el organismo. A su vez, una historia directa no te garantiza el apoyo incondicional de todo el que te lea -por mucho talento que tengas siempre habrá alguien que no conecte con tu obra-, pero al menos elimina la barrera de la comunicación.
Escribe sobre lo que quieras, y hazlo como quieras. En serio, haz lo que consideres oportuno, lo que sientas. Pero ten en cuenta que si deseas que tu obra sea leída por terceros, debes pensar también en ellos mientras escribes. Olvida por unos instantes tu posición y ponte en el lugar del futuro lector.
No hay necesidad alguna de crear una torre de Babel entre escritor y lector. Narrar no es prostituirse, ni tampoco considerarse superior a los demás y demostrar con cada frase nuestra supuesta hegemonía cultural. Es transmitir, expresar sentimientos e ideas, dar voz a nuestras inclinaciones. Es muchas cosas, todas ellas complementarias entre sí.
Y entre ellas está, pese a que mucho la ignoren, la de divertir y entretener.
Existen muchos autores, generalmente amateurs, que se quejan de un mundo cruel e insensible que no sabe ni quiere comprender su arte. Se jactan de saber escribir, de un conocimiento lingüístico y ortográfico encomiable, y sin embargo no atraen las miradas ajenas. Su obra, si bien respetada, no ahonda en los lectores, no los seduce. No los divierte.
Un ejemplo improvisado de lo que este tipo de escritores calificarían como su arte superior, lo podemos ver a continuación:
La turbia penumbra evocaba recuerdos otrora olvidados. Marta transmutaba a un uno con un todo, un todo imposible en esa escala cromática de recuerdos inconexos. La visión, el eterno paraje del mar que le rodeaba, no era sino una puerta sin salida, un cerrojo sin esa llave que anhelaba, lejos de su alcance. ¿Cómo podía definir la serenidad y a su vez temor que sentía? ¿Acaso había explicación alguna a tal enervante sinrazón?
El tiempo pasaba, y Marta, enfrascada en un laberinto construido por y para ella, apenas percibió las primeras gotas de lluvia posarse sobre su rostro. El verano cedía sus alas al melancólico y apático otoño.
Dicho texto es correcto a nivel formal -de hecho, puede considerarse un buen texto-, pero una cosa es escribir un fragmento con este estilo y contenido, y otra muy distinta el hacer una novela así.
Expresar los sentimientos no debería ser un tema tabú para el autor, pero tampoco el caballo de Troya que encandile a los lectores. Lo siento, pero no es probable que funcione. Tan importante como el intimismo y la sensibilidad del autor es la trama, el estilo, los personajes, los desenlaces imprevistos... Se puede escribir historias en base a sentimientos y sensaciones, pero no esperes que la gente que te lea te alabe e inste a leer más cosas tuyas.
Es sencillo: no les diviertes. Y el motivo principal de esto, lo quieras o no, es que no escribes para ellos, para la gente, sino única y exclusivamente para ti mismo. ¿Significa eso que debemos pensar en la gente al escribir, que nuestras inclinaciones naturales no cuentan? ¡Para nada! Ningún extremo es nunca bueno, y tan nefasto es encerrarse en uno mismo como prostituirse artísticamente para llegar a un público más amplio.
Se trata de ser honesto y tener un cierto sentido del espectáculo. Puedes escribir obras con fuerte carga ideológica y moral ( Fahrenheit 451 de R. Bradbury, Las uvas de la Ira de J. Steinbeck, etc.) y no por ello aburrir o cansar al lector. Muy al contrario, tu obra crece en matices y profundidad, y emociona a la vez que intriga.
Lo que no puedes -debes- hacer es escribir 300, 400, 500 páginas de fusión entre tú y la naturaleza y esperar que te lluevan las alabanzas. La narrativa se basa principalmente en una buena historia y algo que contar, algo colectivo y que la gente pueda entender. Si prefieres centrarte en obtusas metáforas y complicadas florituras en base a un lenguaje personal e intimista, mi consejo, sin acritud alguna, es que te dediques a la poesía. O que escribas un diario personal.
Esto no es una crítica a los poetas, ni mucho menos. Y al igual que en dicho arte, por sus propias características, resulta grotesco plantear una historia en trama folletinesca -o al menos a un nivel profundo de acciones y reacciones, descripciones y diálogos-, lo mismo ocurre con una obra narrativa que sólo se basa en la visión personal que tiene el autor y la autora sobre su mundo. Como ya digo puede estar bien escrito, e incluso ser ensalzada por cierta crítica afín, pero no llegará muy lejos. La identificación con el lector medio roza la inexistencia absoluta.
Cada arte tiene su lugar, y es valorado en consecuencia; nada más.
Veamos ahora un fragmento de texto narrativo cercano.
Eran más de las diez de la noche cuando Alberto entró en la casa.
Lo primero que vio fueron los restos de platos rotos sobre el suelo de la cocina. Algunos armarios estaban abiertos y... ¿Acaso era sangre eso que había en el suelo? ¿Acaso...?
-¿Esther? -murmuró.
No hubo respuesta. ¿Y si esa sangre fuese de...?
-¡Esther, cariño!
Nada. Sólo su ronca voz traspasando aquellos viejos muros. Ni rastro de la mujer que debía estar en casa esperándole. Al fin y al cabo, ¿no le había dicho que hoy se quedaría encerrada "como un gremlin" para terminar los últimos retoques de su proyecto?
No podía dejar de pensar en el estropicio de la cocina. Algo raro había ocurrido.
Se dirigió casi corriendo al cuarto de Esther.
-Por dios, que no le haya pasado nada, que no le haya...
Fue entonces cuando le vio. Era un hombre alto y... (continuaría)
Este fragmento está escrito de una manera más informal y cercana. El lector quizá no se asombre frente a la destreza léxica del autor, pero ni falta que hace. Está planteando un contexto, una intriga y evolución contextual. El uso de términos coloquiales con referencias a la cultura popular actual (encerrada "como un gremlin") no la hacen perder puntos; el autor no escribe peor por incluir tal referencia.
¿Es este texto mejor que el anterior? Soy incapaz de decirlo. Lo que sí que puedo afirmar es que cualquier persona que lo lea lo entenderá más, con el consiguiente interés que de ello deriva.
Escribir de manera cercana no significa renegar de los cultismos y las argucias del lenguaje, sino usarlos de manera esporádica y efectiva. Es como el ejemplo del chocolate: una onza solitaria es irresistible, pero gramos y gramos de este adictivo dulce son perjudiciales para el organismo. A su vez, una historia directa no te garantiza el apoyo incondicional de todo el que te lea -por mucho talento que tengas siempre habrá alguien que no conecte con tu obra-, pero al menos elimina la barrera de la comunicación.
Escribe sobre lo que quieras, y hazlo como quieras. En serio, haz lo que consideres oportuno, lo que sientas. Pero ten en cuenta que si deseas que tu obra sea leída por terceros, debes pensar también en ellos mientras escribes. Olvida por unos instantes tu posición y ponte en el lugar del futuro lector.
No hay necesidad alguna de crear una torre de Babel entre escritor y lector. Narrar no es prostituirse, ni tampoco considerarse superior a los demás y demostrar con cada frase nuestra supuesta hegemonía cultural. Es transmitir, expresar sentimientos e ideas, dar voz a nuestras inclinaciones. Es muchas cosas, todas ellas complementarias entre sí.
Y entre ellas está, pese a que mucho la ignoren, la de divertir y entretener.








5 comentarios:
Juan.
Muy acertado tu llamado de atención. Nada menos el otro día compartiamos con unos amigos comentarios acerca de la inconsistencias que algunos encontrabamos en ciertas obras, y yo les hacia incapie que por ser escritores leiamos las obras diferente a la mayoria. Que estabamos más interesados en encontrar un error o hacer una crítica que en disfrutar la obra. Y que por lo tanto escribir para satisfacer a nuestros colegas (o a nosotros mismos) era un error, porque caiamos en deficiencias como las que tú mencionas, creando textos técnicamente válidos pero aburridos.
Gracias por tu valoración, Raúl.
Reincido en que cuidar la prosa no es algo negativo en sí mismo, pero tenemos que darnos cuenta de que con "malabarismos culturales" o trucos de magia con el lenguaje no se crea una buena novela.
Creo que el acto de la propia revisión y la opinión objetiva de personas cercanas ayuda mucho. El creerse superior y confiar únicamente en nuestras supuestas aptitudes no lo considero una garantía de éxito, más bien al contrario.
Un saludo.
Yo tengo una pregunta: ¿qué es ser escritor? ¿Saber escribir? ¿Que los demás te acrediten como tal? ¿Pensar que lo que haces es literatura? ¿Reescribir lo ya escrito o escribir lo nunca plasmado? ¿Destrozar los cánones para crear formas nuevas? ¿Perfeccionar las existentes? Parece que esta última entrada es una llamada por parte de un erudito a rebajarse al nivel de la plebe ignorante para poder hacer comprender, con suerte, la décima parte de su inmensa paideia. Pero yo pregunto, ¿por qué consideráis que sois escritores los que pensais ser escritores? ¿Por seguir las reglas de la gramática alineando palabras?
Estoy totalmente de acuerdo de acuerdo con las ideas que planteas en esta entrada,Juan Miguel.
La escritura debe ser intimista, pero a la vez debes conseguir que el lector se identifique con nuestros personajes,y un lenguaje demasiado complicado dificulta muchísimo ese punto. La escritura intimista debe estar dentro de los límites del personaje y el lector,si queremos comunicar algo.
Independientemente del éxito que deseemos tener con nuestras historias, el hecho es que deseamos lectores para ella tarde o temprano. Se puede hacer una escritura intimista sin ser demasiado rococó.
No soy escritora. me gustaría.
Me encanta contar cosa y debo reconocer que me encanta como brinda su conocimiento y apreciaciones. Le felicito.
Hace unos comentarios muy amenos y estoy de acuerdo con usted. Se debe ser sincero y autentico. Si es bueno solo los lectores lo reconocen.
Gracias.
Carla Glez.
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