Un pequeño inciso: trampas ortográficas comunes

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Tenemos todo lo que necesitamos para escribir una buena obra. Conocemos los personajes, sus intereses; controlamos el ritmo narrativo y el uso de los sentidos; dinamizamos y, sin llegar nunca a engañar a un lector que es más inteligente y perspicaz de que lo podríamos pensar, sorprendemos con agudos giros argumentales

¿Qué elemento nos puede faltar, ahora que ya tenemos las ideas claras y estamos deseosos de empezar a escribir?

La respuesta, cómo no, es la ortografía.



No es el motivo de esta entrada la explicación de las reglas ortográficas básicas y de la acentuación. Para ello existen innumerables páginas de apoyo en Internet, contando además con el libro de referencia obligada, disponible tanto en formato físico como digital (PDF): Ortografía de la lengua Española, de la Real Academia Española.

 Si bien creo que es labor del escritor o escritora el documentarse por su cuenta e ir limando esos pequeños (en muchas ocasiones, tontos) errores de ortografía, no está de más resaltar ciertos apartados que se suelen repetir. Y no hablo sólo de principiantes. Como se suele decir: «Ocurre incluso en las mejores familias».

A algunos lectores esta entrada les parecerá irrelevante, obvia. Pero sin duda, si bien no es algo universal, sí que creo que es más fácil caer en este tipo de faltas que en las clásicas que todos conocemos.

Vamos a analizar brevemente cada una de ellas.
  • Monosílabos
Empecemos por lo básico. Aunque parezca mentira, mucha gente no lo tiene claro con este tipo de palabras, dudando en según qué casos acentuarlas o no. 

La norma sin embargo es clara: «Los monosílabos no se acentúan. Nunca. Ni siquiera cuando cumplan las reglas de acentuación de las palabras agudas». Ejemplos: fe, ron.

No todo el monte es orégano. Como única excepción a este hecho tenemos la acentuación de la tilde diacrítica 

  • Tilde diacrítica
    La tilde diacrítica, que engloba muchos monosílabos pero también palabras con más silabas, se usa para diferenciar dos palabras que se escriben igual (homónimas), pero con distinto significado.
    Ejemplo sencillo de esto es un «si» condicional y un «sí» de afirmación («Si vienes a la fiesta te diré que sí»). Puede parecer una tontería, pero no es descartable que mientras escribimos se nos cuele algo como esto: «Nunca se supo como lo hizo».

    Más ejemplos (unos pocos) de tilde diacrítica:

    Te/Té: «¿Quieres que te dé el té»
    Mas/Más: «Mas nunca pensó que, en verdad, quería más»
    Que/Qué «Qué es eso que te ha dado?»
    Se/Sé: «Sé que parece que se deja atacar, pero no es cierto»
               
    Y eso sin contar la dualidad entre pronombres y determinantes. Hay muchos casos, y unos son de sentido común y otros se nos pueden escapar. Sobre todo con el caso de preguntas indirectas como la que antes expuse (ahora corregida y ampliada): «Nunca se supo cómo lo hizo y qué quería conseguir con ello».

    No creo que haya que obsesionarse con la tilde diacrítica, pero conviene, al menos por una vez, hacer algunos ejercicios al respecto.

    • El correcto uso del vocativo
    Atención a este error, porque no es que sea común, es que es casi omnipresente, por lo menos a nivel informal (páginas web, conversaciones digitales y correos electrónicos, etcétera.).

     El vocativo es, por decirlo de un modo sencillo y claro, una llamada de atención a otra persona. Un saludo a un conocido, una introducción de una carta, una despedida... o incluso una orden o sugerencia.

    Aquí no hay problemas de tildes. La coma «,» lleva la voz cantante.

    Y es que el vocativo, a no ser que vaya al principio o final de la frase, va entre comas.  Veamos unos ejemplos correctos:

                Inicio de frase:
                «Marta, ¿estás bien?»
                «¡Pedro, levántate ya de la cama!»
                En medio de la frase (importante aquí):
                «Oye, Esther, ¿sabes lo que me dijo tu vecino?»
                «Mire, señor policía, yo acabo de llegar»
                Final de frase:
                «La verdad, me ha sorprendido todo este asunto, hijo»
                «Qué frío hace en esta casa, abuelita»

    Como ya expuse al comienzo de esta breve entrada, hay muchas más reglas de ortografía, pero me he querido centrar en lo que yo considero los fallos más comunes.

    ¿Sugerencias para una buena inversión a la hora de escribir? No le deis tanta importancia al procesador de texto o la potencia del ordenador y, aparte de libros que os guste leer, comprad o conseguid un buen diccionario de ortografía para tenerlo siempre cerca. Por si acaso.

    Y es que a veces nos confiamos demasiado, y las cosas que nos parecen más básicas y obvias nos pasan desapercibidas.

    Sed bienvenidos si queréis aportar más casos de faltas comunes (y no, no me vale el de haber/a ver) ;)

    La evolución (o involución) de los personajes

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    Durante estos últimos consejos hemos tratado el tema de los personajes, sus diálogos, motivaciones y cercanía con la realidad. Nada de esto es casual. En mi opinión, y como ya he expuesto anteriormente, gran parte del éxito o no de la obra dependen de ello. Vamos, pues, a cerrar este apasionante círculo vicioso con una característica no menos relevante que las ya citadas.

    La evolución, tanto para bien o para mal, de los personajes de nuestra obra.



    Debe existir. Es algo que debe quedar grabado en la mente del escritor. Las personas cambiamos, evolucionamos y aprendemos de nuestros errores... y a veces nos descarriamos y tiramos por la borda parte de nuestros logros e incluso nuestra vida misma. No somos seres inertes, no existe el "malo que siempre fue malo", "ni el alma caritativa que nunca rompió un plato". Eso se queda y se quedó en obras infantiles como "La Cenicienta" y "Blancanieves", por poner dos claros ejemplos.

    Y está bien que así sea. Los niños necesitan tener unos personajes sólidos (estables) para identificarles. Saben quién es el malo malísimo y quién la pobre princesita en apuros. Sin entrar en temas de machismo implícito en dichas obras (no es momento ni lugar), tranquilizan la mente de un jovencísimo lector que, recordemos, busca orden y tener las cosas claras por encima de todo.

    Sin embargo con los adultos es distinto.

    Un niño puede empatizar con Blancanieves, pero para un adulto no es tan fácil. Principalmente porque el personaje es tan irreal, tan puro, que no existe. No se puede identificar, y si lo hace, será casi para mal, con deseos de que le ocurra alguna desgracia a alguien con tan pocas fallas.

    Es por eso tan importante que un personaje cambie en tu obra, que se arrepienta de algo, que se olvide de lo que antaño marcaba su vida. Que se pierda y se encuentre. Que viaje, pero sin saber nunca a dónde llegará ni cuando parará la travesía. La inacción, el caso del "detective perfecto" o del "asesino psicópata sin corazón", puede valer durante un tiempo, pero no por toda la obra. Mucho menos, como hay casos, por sagas enteras.

    No basta con saber entender a un personaje, con empatizar con él y comprender sus motivaciones. Todo eso es muy importante, por supuesto, pero no es más que un buen punto de partida de tu obra. A partir de ahí tú mismo debes ver (o descubrir) hacia dónde va ese personaje. ¿A mejor, a peor? ¿Se volverá más sabio, o más ignorante? ¿Será capaz de reconocer sus errores, o se aislará cada vez más del resto?

    Todo esto requiere, como era de esperar, de esfuerzo por parte del autor. Siempre es más sencillo marcar un personaje, definirlo, y dejarlo así durante toda su obra. Bueno, está bien, ¿verdad? Así es mucho más manejable y no se sale de su registro, de "su papel". Y sin embargo, si bien no engañas al lector (pues la base es creíble), la obra pierde consistencia y se vuelve más fría e impersonal.

    No con todos los personajes hay que obrar así (la obra se nos iría de las manos), pero sí con los más importantes, con los que más relevancia tengan.

    Como señalé al principio de esta reflexión, el cambio no tiene que ser siempre para peor, pero debería haberlo. La única excusa que admito al respecto es que la obra sea tan corta, de tan pocas páginas, que no haya espacio para el mismo. Esto es comprensible; pero una novela (corta o larga) así, no.

    Vamos con unos cuantos ejemplos de personajes inertes, así como de posibles evoluciones

    Personajes inertes:

    • Típico detective, policía o investigador sin fallos y motivado en su trabajo.
    • Malo malísimo. Sin sentimientos y ni una pizca de humanidad. Por supuesto, acaba siendo derrotado tras haber causado hondo sufrimiento en sus opuestos.
    • Chica de clase social alta, oprimida por una familia tradicional y que se rebela en busca de libertad y nuevas sensaciones.
    • Joven, siempre pobre, pero de gran corazón y lleno de valores humanos. La única persona a su favor en toda la obra es su amada.
    • Típico caballero/guerrero con el honor como estandarte que nunca obra mal, ni duda de si lo que hace es correcto ni tiene "tentaciones" de desviarse del buen camino. Ardiente en la batalla y soso en deseo y pasión.
    • Personaje con alguna merma (física/mental), que por ciencia infusa del autor siempre logra salir de todos los entuertos sano y salvo, demostrando una elocuencia y capacidades por encima en realidad del resto de personajes (éste es un  tipo de personajes plano muy peculiar y que es más difícil de detectar).

    Vamos ahora con ejemplos de evoluciones
    • Hombre de mediana edad que es continuamente molestado e incomodado por un vecino al que le ampara el éxito en la vida. Su rencor y celos le lleva a hacerle jugarretas y "faenas" cada vez más graves. Esto conlleva una pérdida progresiva de humanidad y empatía, de forma que llega un momento que pierde el control sobre sus propias acciones. Pasa de ser una inocente víctima, un "Don Nadie" despreciado, a un verdugo sin compasión. Al final, paradojas de la vida, acabará en prisión, siendo de nuevo un "Don Nadie" entre el resto de reclusos, con delitos de sangre y atrocidades innombrables a sus espaldas.

    • Mujer anciana recientemente viuda. Cuando vivía su marido se limitaba a hacer las tareas del hogar. Tras intensas reflexiones, decide que, aunque sea mayor, tiene derecho a sentirse más útil consigo misma. Empieza a valerse por sí misma y a salir incluso de noche sola y, en definitiva, vivir la vida. Se arriesga tanto que acaba con un incidente nocturno que la deja en un hospital. Sus hijos, que temen por su madre y sin embargo no se pueden ocupar de ella, deciden enviarla a una residencia. Allí ella vuelve a recuperar la ilusión por vivir al dignificar y hacer más llevadera la vida de los demás ancianos del lugar, siempre, eso sí, sin llegar a excesos como los que ella padeció.

    El punto común de ambos ejemplos es que el personaje del final de la obra no es el mismo que el del comienzo (ni siquiera el de la mitad). Ha ido evolucionando, cambiando, adaptándose y aprendiendo, ya sea de sus logros o de sus maldades. No empieza siendo un caballero respetado y muriendo por su honor. No son los enamorados de distinta condición con trágico y romántico final.

    Hay sorpresas, y en lenguaje literario, sorpresas (bien planteadas) equivalen a diversión para el lector.

    Quiero terminar estas reflexiones sobre los personajes instándote a que mires fijamente a tus creaciones y les preguntes que a dónde se dirigen, que qué metas les quedan por alcanzar y qué errores por cometer. Si el personaje no te responde, o ya sabes la respuesta, es que vas por mal camino. Sus apariciones en la obra serán predecibles, y es incluso probable que el lector le tomé algo de asco, pues ya se imagina lo que ocurrirá en las siguientes páginas. 

    Sé tu primer lector. Mira a ver cómo de turbulenta es tu obra. Asómbrate por tu ingenio y date la enhorabuena por todo el esfuerzo que has invertido en ella, porque, sin lugar a dudas, tus ojos serán en el futuro los ojos del lector, y todas esas alabanzas y asombros serán también transmitidas a un público fiel y siempre dispuesto a que les sorprendas... de nuevo.

    Empatía y realismo

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    En este blog se han dado muchos consejos a la hora de elaborar una buena historia, desde el uso de los sentidos hasta la importancia de unos diálogos fluidos y el desarrollo de contextos creíbles y que podamos manejar. Todos estos conceptos son, en mi opinión, imprescindibles para el buen desarrollo de la obra, pero hay uno en concreto en el que me veo en la obligación de reincidir.

    De nuevo, vamos a tratar, ya por última vez, a los personajes y sus vivencias.


    Quiero reincidir en este punto porque, si bien es la trama (el argumento) lo que te mantiene enganchado o no a una obra (por encima del estilo narrativo, la extensión e incluso el realismo o no de la misma), tan cierto es que un buen personaje (o conjunto de ellos) la pueden hacer inolvidable y emotiva, llegando a veces a crear ese ligero y su vez intenso "picor en el ojo" del lector.

    Y su opuesto. Un mal personaje (uno plano, cliché, vacío, predecible y aburrido) pueden hacerla ridícula, absurda y hasta detestable. Es el comodín, el Joker oculto con el que juega el escritor. Y en gran medida de él depende el regusto final que deje su escrito.

    Para crear un buen personaje debemos intentar conectar con el lector. ¿Cómo hacer esto? Dicho de este modo suena una tarea titánica. Hay cientos, miles de lectores potenciales que quizá un día te darán una oportunidad. Es imposible tener en mente a todos y saber "cómo tratarles", cómo tocar su fibra sensible. 

    Dicho de este modo es imposible, pero por suerte la realidad es distinta. Empatizar con el lector significa crear unos personajes que sean lo más parecido a su homólogo en la realidad. Y eso significa empatizar a su vez con cierto tipo de personajes desagradables (asesinos, violadores, mafiosos, políticos corruptos...) de forma que no los convirtamos en malos absolutos, sino seres humanos con sus propias debilidades y momentos cariñosos y cercanos.

    Y es que, lo creamos o no, nadie en el mundo es tan maravilloso como pueda parecer, ni tan horrible que no tenga nada bueno. En el libro de Philip Carlo, El hombre de hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia, cuya lectura recomiendo encarecidamente, se nos plantea la dantesca situación de un asesino sádico a más no poder en sus métodos (con el uso de las ratas para eliminar cualquier rastro de la víctima, por poner un ejemplo) y sin embargo un buen esposo y padre ejemplar de sus hijos. Y esto es la vida real, no una novela ni la ficción de un autor macabro.

    Si vives en un entorno en el que cierto colectivo es repudiado (imaginemos ideologías, etnias, clases sociales, etc.) vas a tener que hacer un esfuerzo extra para representarlos con dignidad y como realmente les corresponden. A lo mejor, incluso dentro de sus limitaciones, vas a tener que quererlos, porque aunque en tu obra sus actos sean horribles (tal como quizá en la vida real), en el fondo siguen siendo seres humanos que sufren y aman como cualquier otro. Tienes que empatizar con ellos e intentar comprenderlos. Empatizar no es darles la razón, sino, en la medida de la posible, ponerte dentro de su situación y ver la vida tal como la ven ellos.

    Durante mi carrera literaria he escrito diferentes libros, y entre ellos se encuentra el terror de mis relatos cortos y la moral práctica y psicología social de "Un alto en el camino". Resulta curioso ver cómo en los libros de terror puedo plasmar (y con todo detalle, además) a individuos de la peor calaña imaginable, mientras que el libro de psicología social tiene todo un mensaje positivo y, en mi opinión, lo más pacífico posible. Pero así es como debe hacerse. Porque si yo escribiese un libro de terror tal como escribo uno de reflexiones (esto es, siendo yo mismo al 100%), todo acabaría bien, los malos se arrepentirían, se les perdonarían sus "pecados" y todos comerían felices. Porque todo el mundo acaba teniendo su oportunidad de ser mejor persona, si se lo plantea.

    La vida no funciona así, yo lo sé y tú también lo sabes. Es triste, pero a veces las cosas no salen como queremos, y las personas no cambian para mejor. Hay que asumirlo y trasmitirlo lo más fielmente posible. Si tienes que ser sádico, cruel, inhumano en tus obras, adelante, pero tómate la molestia de intentar comprender al personaje que estás empleando. A veces este sujeto tendrá salvación... y otras, cuando la obra llegue a su fin y pase el tiempo, seguirá siendo recordado por tus lectores como un auténtico y vomitivo cabrón.

    Acabo con un consejo general a esta entrada: conoce mundo, conoce a la gente y convive con ella. No las juzgues, no hables demasiado. Escucha, interioriza; comprende y empatiza. En lo bueno y en lo malo, en los más santos y en los condenados. Si no eres capaz de meterte en la mente de un grupo, de asimilarlos, es mejor que no los emplees. Recuerda, no hables de lo que no sepas, porque, como mínimo, quedarás como un ignorante, y puedes resultar hasta ofensivo para alguien de que verdad sí entienda del tema y se sienta agredido.

    Ten tanto respeto por tus personajes y sus impulsos como lo tienes por el lector. Porque quizá, parte de ese personaje habite en el propio lector, o en gente muy cercana. ¿Quién eres tú para juzgar a los demás tan a la ligera? Un escritor tiene una responsabilidad enorme sobre sus escritos, porque son divulgados. Ten siempre presente eso. Si quieres escribir cosas propias o despotricar contra cierta persona o colectivo, sin ni siquiera tomarte la molestia de ver su punto de vista, escribe un diario privado. ¡Así de fácil!

    En definitiva, usa todo el fuego que quieras, pero asegúrate de saber cómo apagarlo. No seas un niño jugando con cerillas y que enciende una mecha que luego no sabe extinguir.

    No juegues a juegos de mayores si no sabes hacerlo.

    La última llamada - Editado por Casa Eolo

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    Me complace anunciar que mi libro de relatos de terror "La última llamada" ha sido editado con Casa Eolo S.L.


    Es un libro de unas 300 páginas, con 9 relatos de misterio y terror psicológico (más situaciones de angustia que zombis y vampiros, para que nos entendamos). Animo a todos los amantes del terror a que le den una oportunidad.

    El modelo de venta (pudiéndose usar Paypal) es el siguiente:
    • Venta física/libro impreso: 15 euros (gastos de envío incluidos).
    • Venta digital/PDF: 2 euros.
    El enlace a la obra lo tenéis a la derecha del blog, en la sección "libros que he escrito", pero por si acaso lo pongo por aquí también: http://community.casaeolo.com/amigos/php/obra.php?obra=1659

    Desde aquí, gracias al equipo de Casa Eolo y a Carlos Francisco en particular por una atención, comunicación y detalles con el autor implecables.

    Botones de "me gusta" de Facebook, "+1" y "meneame"

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    Entrada relámpago para avisar de la inserción en el blog de estos dos botones. Si sois usuarios de Facebook y/o Google+ y os gusta el blog (o alguna entrada en particular), podéis pulsar sobre uno de estos botones y compartirlo en vuestras redes sociales.

    Como se puede apreciar, hay una nueva sección a la derecha para recomendar el blog.

    A parte de esto, al final de cada entrada hay un botón de meneame (http://www.meneame.net), por si queréis enviarla al sitio de noticias y curiosidades.

    Gracias por vuestras aportaciones.

    Hoy recomendamos: El poder de la resiliencia (Psicología)

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    Inauguro una nueva sección en el blog destinada a dar publicidad a esos libros que considero "de los buenos". Cada cierto tiempo (supongo que en épocas de sequía creativa), iré poniendo libros de diferentes temáticas y géneros, haciendo un pequeño análisis de los mismos y explicando el porqué de su eleccion.

    Hoy toca "El poder de la resiliencia" de Robert Brooks y Sam Goldstein
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    La resiliencia, a nivel coloquial, es entendida como la capacidad innata que poseemos cada uno de nosotros para salir y sobreponernos de las desgracias que nos ocurran. Nuestra capacidad de superación, de recuperación, sanamiento de heridas y vuelta a la ilusión. Básicamente es nuestra capacidad de resistencia, el ver si la situación puede con nosotros, o nosotros con la situación.

    No es una característica que se entrene, y en verdad no hay técnicas concretas (como en la memoria nemotécnica, por ejemplo), sino que depende de, principalmente, nuestra actitud y amplitud de miras. Trabaja la fuerza de voluntad y la empatía.

    El libro que tenemos, cuyo subtítulo de portada es "Cómo lograr el equilibrio, la seguridad y la fuerza interior necesarios para vivir en paz", nos da orientaciones y ejercicios al respecto. Y nos pone ejemplos concretos, unos de personajes famosos y otros de personas anónimas en las consultas de los doctores del libro.

    Me gustaría resaltar el siguiente fragmento, justo al inicio de la obra:

     Un niño de 5 años contempló impotente cómo su hermano se ahogaba. Ese mismo año, un glaucoma empezó a oscurecer su mundo, y su familia no tenía recursos para pagar la atención médica que le podía haber salvado la vista. Sus padres murieron siendo él adolescente. Al final le enviaron a una institución pública para ciegos. Como era afroamericano, no se le permitió el acceso a muchas actividades, entre ellas la música. Dados los obstáculos a los que se tuvo que enfrentar, nadie hubiera podido predecir que un día llegaría a ser un músico de fama mundial.
    Se llamaba Ray Charles.
    Eso es RESILIENCIA (con mayúsculas bien merecidas), y además un caso muchísimo más trágico que los de gente, en el primer mundo, que dicen "no puedo más, no volveré a sonreír nunca, ojalá me muriese". Un ejemplo de superación personal, y una puerta a la esperanza para cualquier persona.
    Iré acabando esta entrada señalando que es un libro de psicología engloblado en la autoayuda. Pero aquí no hay cosas místicas, "magia", etc. Te podrá gustar más o menos, pero no juegan con la gente. Quiero dejar esto muy claro.

    Os animo a escribir un comentario en esta entrada si tenéis algo que opinar del libro o la resiliencia.


    FICHA TÉCNICA:
    • Nombre: El poder de la resiliencia.
    • Género: Psicología/Autoayuda.
    • Autor/es: Robert Brooks y Sam Goldstein. 
    • Editorial: Paidos.
    • ¿A quién va dirigido?: A todo tipo de personas, tengan problemas o no. Especialmente recomendado para aquéllas que estén pasando por una mala racha o sean pesimistas/depresivas y sin fuerzas para seguir adelante.

    Sobre el fracaso de los libros digitales en España

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    Este es un tema cada vez más recurrente en las redes sociales y me gustaría dar mi opinión al respecto.

    Como autor, considero que el trabajo, tiempo y esfuerzo que supone escribir un libro tiene que estar recompensado, de una forma u otra. Los escritores no hacemos conciertos, no nos "vamos de gira" y quitando casos únicos como Stephen King, George R. R. Martin, etc. tampoco es que tengamos mucho merchandising o películas/series de por medio.

    Vamos, que la gran mayoría vive de los libros que vende o malvende. Y para de contar.

    No hay que ser muy listo para darse cuenta de que cualquier escritor tiene interés en que paguen por sus libros. Lo cual no significa que el usuario tenga que ser ESTAFADO.

    Como autor NO quiero un sistema de DRM en mis obras digitales. Me parece una analogía grotesca del control policial propio de obras como "1984". Si tú pagas por mi obra, si ya es tuya... Coño, pues haz lo que quieras con ella. Pásasela a tus amigos/as, coméntala. Ponla en el eMule o súbela a Rapidshare. Me estás dando a conocer (publicidad) y encima gratis. Gracias.

    NO voy a criminalizar el P2P. Extensión directa del punto anterior. Éste es un tema bastante delicado, así que no nos iremos por las ramas. Primero decir que no es delito. Yo no soy jurista, pero con leerse un poco la web y a gente como David Bravo uno ya se hace a la idea de lo legal o no que son estas cosas. Si estás desinformado y dices/te crees barbaridades al respecto es porque quieres. Para "piratas", otros que yo me sé.

    Segundo: es imparable. Te podrá gustar más o menos, pero a no ser que corten el grifo que es Internet me da la impresión de que, evolucionando en X o Y, tiene cuerda para rato. ¿Por qué te haces enemigo, ya de primeras, de potenciales clientes y lectores? ¿Por qué no facilitarles el proceso para que, además de por estos métodos, puedan conseguir tus obras de un modo más razonable?

    NO voy a poner mi libro a más de 10 euros si es en formato digital. Y aquí es donde llegamos a la intervención directa del autor. Libros a este precio (o incluso bastante superiores), me parece un robo mayúsculo, y una tomadura de pelo para el usuario/lector. Analicemos el razonamiento (excusa) principal que se pone para esto:

    Es que hay que pagar el proceso de producción, para cubrir gastos:  Más falso que un euro con la cara de Popeye, como diría una buena señora. A ver, si tú como autor contratas a alguien para que te maquete tu libro y te lo transforme en formato digital [.epub, .fb2, .mobi (amazon)], pues claro, el precio se dispara. Pero... ¡Oh! Resulta que el autor puede maquetar el libro por sí mismo... y con coste cero. Tenemos programas como Bookdesigner o Calibre que son GRATUITOS. 

    Esto tiene un pequeño "problema", y es que, como es obvio, hay una curva de aprendizaje por delante para aprender a usarlos. La parte buena es que tras aprender a maquetar y convertir formatos (y sinceramente, no es tan difícil, y menos con toda la información también gratuita que hay por la red), te habrá salido todo gratis y lo habrás hecho por ti mismo. Ya no tienes que "devolver el favor" a nadie. Y no tienes por qué subir el precio de manera absurda por tu libro.

    En mi caso particular tengo mis libros en Amazon. El darse a conocer e ir avanzando no es un proceso sencillo (nadie dijo que lo fuese), pero avanzar, si te esfuerzas, avanzas. No voy a demonizar a todas las editoriales del mundo, pues cada una es un mundo. Pero un autor, por sí mismo, puede ir tirando para adelante. Y sin necesidad de ROBAR a tus potenciales clientes.

    Un libro digital no puede valer lo mismo que su versión impresa. Pero vamos, ni lo mismo ni el 70% sobre el total. Por favor, que para costear el ancho de banda que te costaría al mes que la gente se baje un libro de menos de 1MB no hace falta que éste valga 15 euros. Ni 10.

    Con el libro tradicional, el de papel de toda la vida, hay intermediarios sí o sí (a no ser que tengas un negocio familiar de imprenta o algo así). El libro se va a encarecer te guste o no. A diferencia del digital, donde todo o casi todo lo puedes hacer tú. A lo Juan Palomo, con un par.

    Vamos cerrando esta opinión con mi percepción general sobre el al parecer fracaso del libro digital en España. No me da pena. Ninguna. Y no tengo miedo porque "la industria se vaya a destruir" o "vayamos a matar la cultura". 

    Los escritores vamos a seguir siendo escritores (precisamente porque nos gusta escribir, tengamos más o menos beneficios derivados). Este modelo de negocio no va a matar los libros, sino que los libros (los nuevos, los que vayan saliendo con otra mentalidad por parte de sus autores) van a matar el modelo de negocio obsoleto que seguimos soportando.

    Yo, mejor o peor, soy escritor, y no he pagado, ni pagaré jamás por un libro digital al precio actual. Si muchas personas hoy día no lo quieren ver, y se rasgan las vestiduras maldiciendo a cada instante la aparición de Internet y la masificación de la cultura, yo no puedo hacer nada por ellos.


    Al fin y al cabo son sus costumbres, y hay que respetarlas.