sábado 17 de mayo de 2008

Consumismo: ese falso Judas de nuestros días


Hay varias actitudes irrevocables a día de hoy. Una de ellas, que vivimos en una sociedad capitalista y competitiva en donde la apariencia óptima frente al exterior y los bienes adquiridos, son máximas buscadas por la gran mayoría de la gente. La otra, es que en una incontable cantidad de casos, en verdad no necesitamos todo lo que tenemos o deseamos.

Las marcas comerciales no te venden un producto a secas, no te dicen: “Eh, mira, tenemos esto, quizá te interese”. Para nada. Su objetivo principal es hacerte ver que realmente te es necesario, sí o sí, y sería un absurdo error seguir sin él, ya sea un televisor, una lavadora, un coche, o un tratamiento de depilación láser. Cuando uno ve un anuncio en televisión no está viendo algo manufacturado en algún laboratorio o cadena de producción. Está viendo un modo de vida. Es la imágen del triunfador, del hombre de éxito que, gracias a tan maravilloso artilugio, consigue todas sus metas en la vida y se realiza como persona. Es esa mujer joven, atractiva y sin complejos, que gracias a ese vestido o pintalabios no pasa desapercibida al ojo ajeno.

Todo esto no es más que un triste camelo, y más triste aún es que los creativos de marketing consiguen su objetivo: te venden algo que no necesitas.

No hay secciones definidas en el ámbito del consumo. Quien dice coches de gran cilindrada dice teléfonos móviles, televisores, videoconsolas... Nadie niega el poder darse un capricho -o los que quiera, que para eso es su dinero-, pero antes debería mirar si realmente lo necesita. Por desgracia, en muchas ocasiones esos caprichos que tanto anhelamos acaban quedando abandonados en un cajón o, peor aún, sustituidos por otro más moderno en un breve intervalo de tiempo.

Es la gente que cambia de móvil cada año, que compra cada nuevo aparato tecnológico que sale, que tiene esas zapatillas tan caras que al final las usa para jugar al fútbol con los colegas en un parque. Hay una clara diferencia entre tener una vida austera y monasterial, a caer en las redes de casi todos los productos que nos ofrecen.

Lo peor es que el caer en el consumismo nos hace creernos felices, pero a la larga logra su opuesto: nos vuelve dependientes de cada nuevo producto, adictos a la novedad y a la compra. Una persona que compra un coche porque lo necesita para trabajar o en su vida diaria, obtendrá uno que se ajuste a sus necesidades, y nada más. Sin embargo, aquél que lo compre pensando en “lo maravilloso que es su coche”, tarde o temprano volverá a reincidir, porque los nuevos modelos habrán eclipsado al suyo. Da igual que el coche siga cumpliendo su labor -que al fin y al cabo es la de transporte-. Para él ya no le sirve de nada.

El consumismo es una adicción, y por eso hay que tratarla como tal. Uno ve a un alcohólico, a un ludópata o a un obseso sexual, y por su mente cruzan sentimientos desde el rechazo hasta la lástima por su enfermedad. Uno ve, sin embargo, a una persona consumista y no piensa nada, a lo sumo: “cuanto dinero debe de tener para comprarse tantas cosas”. No se ve como algo anómalo porque la televisión -ese ente coaccionador tan amigable- y otros medios de difusión, nos hacen ver que el comprar está bien, que es síntoma de bienestar y riqueza, aunque no necesitemos en absoluto lo que nos venden.

Una vez aceptamos que el consumismo desorbitado es una enfermedad, tenemos que asumir que el enfermo, en primera estancia, va a negar por completo su problema.

A continuación pongo un diálogo ficticio con un consumista acérrimo. Este diálogo está basado en hechos reales


Consumista: Me acabo de comprar este ordenador portátil (dice las características). Me ha costado 1500 euros.

Persona sana: ...No tiene mala pinta, ¿qué le pasó al otro?

Consumista: Nada, es que ya era muy viejo.

Persona sana: ¿Pero iba mal o algo?

Consumista: No no, lo que pasa que ya tenía tres años y como es portátil pues no se le pueden actualizar algunos componentes, ya sabes...

Persona sana: Ahm... lo querías para jugar o algún programa nuevo ¿no?

Consumista: (Se echa a reir) ¡Qué va, si sólo lo uso para las prácticas en la universidad! Lo que pasa que, macho, allí parecía un palurdo, todo el mundo con ordenadores de la hostia y yo con un petardo de hace un par de años. Que voy a ser informático tío, no es plan de ir haciendo el ridículo por ahí.

Persona sana: (resignado) No... supongo que no.


Esto puede parecer exagerado, pero es real como la vida misma. Igual que aquél que compra un ordenador “igual o mejor” que el que tiene su amigo o amiga, simplemente por eso, porque hombre, no va a comprarse uno peor, ¿verdad? Aunque en verdad no necesite tanta tecnología, pero bueno, tiene que aparentar.

En verdad no sé lo que la gente gana con eso -aparte de inflar su ego con frivolidades y dar un paso más en una futura enfermedad-, pero lo cierto es que es la tendencia casi absoluta de la sociedad de hoy día. Aquí el consumismo no discrimina a nadie ni por cuestión de sexo ni de edad: niños, jóvenes, adultos... todos son bienvenidos.

Tengo que repetir la obviedad de antes: el consumismo es una enfermedad, al igual que el tabaco es una droga adictiva aceptada por la sociedad. Está bien gastar ese dinero que tanto nos ha costado conseguir trabajando, pero no debemos permitir que nuestra vida gire en torno a “lo que tengo”, sino a “lo que soy”.

Pasarán los años y la mitad -por no decir una gran mayoría- de los bienes que compraste se habrán quedado obsoletos y olvidados. Nuevos bienes ocuparán sus puestos, y tarde o temprano volverán a ser sustituidos. Fue, es y será una cadena que nunca tiene fin, y que como tal, nos aprisiona y nos hace depender de algo que no nos hace mejores personas, que no nos ayuda a ser felices en la vida.

La felicidad se compone de pequeños detalles, pero estos no se encuentran en la teletienda del empresario de turno. La felicidad empieza por saber vivir conforme a uno mismo, a gusto con los propios ideales, y con esperanza de, cada día que pase, vivir con intensidad cada momento y saber que poco a poco limaremos nuestros fallos y ensalzaremos nuestras virtudes.

Ningún producto de oferta te va a ayudar a quererte. Si sigues con ímpetu el vivir con poco pero intensamente, acabarás viendo que cada vez necesitas menos de lo que la sociedad te ofrece. Serás más independiente, más fuerte y seguro de ti mismo. Más persona y menos rebaño.

Entonces ya apenas tendrás que comprar cosas que no necesites, y podrás decir con la mirada en alto y gesto sonriente pero humilde, que nadie te ha comprado.

Ponle más valor a tu vida, sube el precio hasta que esas empresas que sólo buscan sacar beneficios consideren que no eres un cliente potencial, que no van a poder adquirirte y manejarte. Entonces habrás ganado la batalla que lleva al fin de la guerra.


Tendrás menos dependencias. Y tu bolsillo te lo agradecerá

lunes 28 de abril de 2008

La luz entre tinieblas / El ajedrez en la vida

Ésta va a ser una entrada algo más extensa de lo habitual. El motivo es que he decidido meter dos conceptos relacionados para no ser redundante con la información (ambos comparten la misma base).

Vamos a analizarlos por separado:


La luz entre tinieblas






En este mundo existen varios tipos de personas en su modo de afrontar los reveses de la vida. Por un lado, tenemos a aquél que si acumula varios fracasos se hunde más y más en la impotencia. Todo lo que hace no le sirve para nada. Siempre fracasa.

También existe esa persona que, pese a la adversidad, sabe salir adelante y tras un número indefinido de fracasos (algunos justificados, otros injustos, y muchos otros incluso absurdos), logra, si no ser feliz al 100% en la vida, sí disfrutar de ella y sentirse a gusto consigo mismo/a.

Es posible que a dos personas les ocurran las mismas desgracias, si entendemos como tal a sucesos de similar envergadura (ej: perdida de una pareja, muerte de familiar, ser despedido del trabajo, etc.). Las dos deben superar el mismo camino pedregoso y estéril, en donde no hay meta, sino un infinito horizonte que nos reta a desvelar su hipotético final. Solos frente a una travesía interminable.

¿Por qué, entonces, padeciendo las mismas desdichas, una persona sigue adelante y la otra no? Existe un término para este hecho: "Resiliencia". Para entender este concepto de forma clara, diremos que es la capacidad que tiene una persona que, ante las adversidades, consigue seguir adelante y ser mejor persona (más útil para la sociedad, más sabia y justa).

Y es que, siempre hay una luz en cualquier pozo negro que se nos presente. Para esto hay que cambiar nuestro enfoque y verlo desde los ojos de un niño, no de un adulto con responsabilidades y lógicos miedos y dudas.

No te preguntes. ¿Por qué me pasa esta desgracia a mí? Sino más bien: ¿Qué puedo aprender de todo esto?

Esa debería ser la única pregunta que deberíamos hacernos en esos duros momentos. Sí, es muy fácil de decir, pero al menos tener la intención en mente.

Esto no significa que nosotros seamos los culpables de nuestra situación (ni su opuesto), como todo en la vida, hay casos y casos, y algunas veces la vida nos castigará por nuestros -tontos- errores, y otras porque simplemente la vida es así: injusta.

Pero de todo se puede sacar provecho, tengamos la culpa que tengamos. Si fuimos justos con una persona y esa persona nos traicionó y nos hizo daño es posible que pensemos que no hicimos nada mal, pero no es así. Quizá, por desgracia, nuestro error fue ser demasiado indulgente y "blando" con una persona que no nos apreciaba como nosotros a ella. Ser justo no significa poner siempre la otra mejilla y aguantar el chaparrón. Ser justo -y no pretendo ser fanático con esta frase- es dar a cada persona lo que se merece, para bien o para mal. Nadie habla de represalias absurdas, pero si una persona o un contexto te hace daño, lo mejor que puedes hacer es no estar cerca. ¿Qué necesidad hay?

Son formas de verlo. Es lógico que en algunos momentos nos deprimamos y estemos bajos de fuerzas, pero no debemos permitir que eso nos hunda. A veces la vida nos hará daño y nos pondrá de rodillas, esperando que imploremos misericordia. No le demos ese gusto. Intenta buscar siempre el lado positivo de la situación, lo que puedes aprender de ella para que en el futuro seas una persona más justa y sensata. Y por favor, no te lleves el trauma a cuestas; a las personas que luego conozcas no merecen ser juzgados por las obras de sus predecesores. Merecen una oportunidad, porque hay buena gente en el mundo, aunque los malos hagan mucho más ruido y parezca que son mayoría.

En definitiva: Cuando pases por una mala racha, cuando las cosas no salgan como deberían, no te hundas, piensa en lo que puedes haber hecho mal (siempre suele haber algo, por pequeño que sea, que podemos mejorar), y en lo que puedes aprender de la experiencia.



"Si me engañas una vez el culpable eres tú, pero si me engañas dos la culpa es mía"





El ajedrez en la vida


Como complemento a la anterior entrada voy a añadir el concepto de ajedrez para su uso en la vida práctica del día a día.

Todos conocemos de sobra este ancestral juego. Uno de los factores primordiales es la concentración, la relajación de la mente y enfoque en esas 64 casillas. Estrategia pura y dura.

Otro factor es la búsqueda de múltiples alternativas.

Por esto entendemos lo siguiente: "Muevo este peón y como al peón enemigo. Al hacer esto, despejo una diagonal para que mi alfil de jaque al rey rival. Al darle jaque y no tener defensa alguna el rey deberá moverse, y por tanto perderá la opción de enrocar."

Esto se puede aplicar a la vida real, lo que pasa que no lo ejercitamos, y cuando lo aplicamos lo hacemos de manera inconsciente. No es otra que decir "hago esto, y gracias a esto, además, consigo -o potencio- esto otro". Por supuesto, tales combinaciones no son siempre posibles, pero en muchas ocasiones surgen de manera espontanea, como por ejemplo, cuando quedamos con una persona (porque nos apetece verla), y aprovechamos para ir de compras a por algo en concreto. Estamos "matando dos pájaros de un tiro".

El tema no es obsesionarse con buscar siempre todas las combinaciones posibles, sino dejarlo fluir como un proceso lógico e instintivo, teniendo, eso sí, constancia del mismo. A veces nos saldrán 2 combinaciones (2 sucesos beneficiados de una misma acción), a veces tres, o incluso cuatro. Otras tantas una acción equivaldrá a un único beneficio.

A priori puede parecer algo complicado e incluso tedioso, pero nada más alejado de la realidad. No deja de ser una forma de pensar que, además, mantiene activa la mente y potencia la creatividad. Un hecho más relevante de lo que uno podría pensar, sobre todo si consideramos el tipo de sociedad casi unidireccional en pensamiento en donde vivimos.

Imagina que la vida es una gran partida de ajedrez, y cada acción que hagas es un movimiento. Sólo que aquí no hay 8 peones, hay -por ejemplo- 800, todos conjuntados en un tablero inmenso, en una partida casi infinita.

Pero todo tarde o temprano llega a su fin, y para eso debemos sacar el máximo provecho de todas las opciones que nos da la vida. Sin agobios, sin presión alguna, pero no mover "por mover". El que juega al ajedrez y mueve por mover no disfruta del juego, no aprende ni se divierte. ¿De qué le sirve entonces?

Date el gusto de disfrutar con tu vida, de aprender de tus errores y de siempre sacar lo mejor de cada situación (respetando las reglas del juego, que no son otras que el ser justo y no triunfar perjudicando a los demás)

Seguro que así la partida se hace mucho más amena, y sea cual sea el resultado te sentirás orgulloso de ti mism@.

domingo 20 de abril de 2008

El uso (y abuso) de frases cortas

Cada uno tiene su propio estilo al escribir. Los hay de libros de más de 500 páginas, de relatos cortos, de microrrelatos, poesía... todo lo que se nos pueda ocurrir. Ninguna de esas opciones es mejor o peor que las demás, es sólo cuestión de gustos, y obras de arte -así como bazofias infumables- las hay en todos los campos.

El uso de las frases cortas suele ser un recurso bastante usado por muchos escritores. Personalmente tengo que decir que, si bien su uso ocasional o concreto no me desagrada, su abuso me provoca una reacción alérgica al texto que en muchas ocasiones culmina con que deje de leer y pase a otra cosa.

¿Tremendismo, estrechez de ideas? Es posible, pero creo que las frases cortas -al igual que las largas repletas de oraciones compuestas- tienen su función en el texto. El mero hecho de escribir sólo con frases cortas envilece y denigra toda el plan que quiera transmitir el autor.

Pongamos un par de ejemplos con un mismo contexto:

1) Texto con frases cortas.

Hoy es 20 de abril. Siento como mis músculos están agarrotados por la tensión. Ha sido un día duro. Mañana... mañana quizá sea aún peor. Apenas puedo descansar, estoy molido. Es el trabajo. Me explotan día y noche, semana tras semana. No puedo irme; si me voy no encontraré otro trabajo a estas alturas. Tengo 35 años, y ya no tengo apenas fuerzas.

Me levanto y miro por la ventana. La noche, sólo la omnipresente noche. Un maullido lejano. Es una perspectiva decadente.


2) Texto con frases de distinto estilo.

Hoy es 20 de abril. Estoy extenuado tras una larga jornada de trabajo. Es agobiante, me explotan, me denigran, y sin embargo tengo que seguir acudiendo a esa sala de tortura día tras día. Existe la solución de marcharme, sí, pero ¿a dónde voy a ir con 35 años? Ya no tengo fuerzas para más búsquedas infructuosas. Debo aceptar mi desdicha.

Debo ser de los pocos que hay levantados a estas horas. Me asomo por la ventana y no hay más que oscuridad y un silencio sólo eclipsado por lejanos maullidos de algún gato descarriado. Es un paisaje perfecto para la decadencia que me acompaña.

Basándonos en un mismo concepto, hemos tratado el tema desde dos perspectivas narrativas. En mi opinión el segundo ejemplo es mucho más rico en matices y natural que el primero. Esto no es deliberado -de verdad que he intentado hacer el ejemplo de las frases cortas bien-, y si se nota mucha diferencia es porque en realidad yo jamás he escrito sólo con frases cortas.

Sea como fuere, la impresión que yo recibo de un texto con solo frases cortas es, o bien la de desgana del autor, o la de falta de ideas y desarrollo. Es... simple, demasiado simple. No digo que sea malo ni que no deba de hacerse, pero en mí opinión, empeora más que mejora el resultado final.

¿Quiere decir esto que no hay que usar frases cortas nunca? Para nada. Hay ocasiones en las que son casi necesarias, como por ejemplo en las escenas rápidas (de acción), y en partes de terror o tensión de los personajes.

Pongamos otro par de ejemplos, esta vez ambos con frases cortas.

1) escena de acción

La sangre llenaba la escena. Un rápido movimiento de navaja. Más sangre. Me arrodillo y pierdo la orientación. ¿Quién me ataca, por qué? Desde mi posición indefensa recibo otro golpe. El impacto me hace estrellarme de boca contra el suelo.

Sangre. Dolor. Risas a mis espaldas.

Oscuridad.


2) escena de tensión y/o terror.

He oído un ruido. Proviene de la cocina. Se ha vuelto a repetir. Es... es una risa. ¡No hay nadie en casa! Dios... cada vez la oigo más fuerte. ¿Se está acercando? ¿Qué hago?
Avanzo un par de pasos. La risa enmudece. ¿Está jugando conmigo? A lo mejor estoy soñando. ¿Qué hago? ¿Cómo me despierto?

De repente siento mucho frío. Sigo de pie, solo en mi casa, despierto o dormido.

Esperando.


En estos ejemplos, dentro de mis limitaciones al improvisar, vemos que las frases encajan mejor. Es posible que no nos den mucha información sobre la situación (y de hecho, no nos la dan), pero ¿quién la necesita? Esto es más notorio en el segundo ejemplo, en el que el uso del misterio es una baza para la narración.

Con esto, quiero decir que está bien usar frases cortas, siempre y cuando te nazcan y tengas inclinación a usarlas (yo, por ejemplo, no suelo tener mucha), pero sin abusar del término. Es como intentar narrar un enfrentamiento con frases interminables y rebuscadas; es absurdo.

Cada uno es libre de escribir como le plazca, pero si puedes hacerlo con cierta soltura, mezclando frases compuestas con otras simples, estoy seguro que más de un lector te lo agradecerá. A veces parece que da miedo escribir algo complejo, que nos vamos a "delatar" por no estar a la altura. Son miedos tontos. Es como esa mujer que se viste con lo más simple que ve por miedo a no saber conjuntar. Quedará como su elección: simple, poco cuidada, sin interés.

No hay que buscar lo rebuscado y enrevesado, pero tampoco la idea más simple y sencilla. No escribimos telegramas, sino narrativa. Es muy, muy difícil expresar sentimientos y emociones en un texto con sólo frases simples. Y en realidad de eso se trata. De transmitir.

domingo 13 de abril de 2008

La reconstrucción emocional

Hace unas pocas entradas escribí sobre el exceso de equipaje en nuestra vida, y de cómo el acarrear encima los problemas y recuerdos del pasado sólo sirve para aminorar nuestra marcha y empequeñecer nuestra meta. En esa entrada se hizo la analogía del coche (alma) y el equipaje (recuerdos y experiencias). En muchas ocasiones contamos con más peso del necesario, y conviene aligerar.

Esta vez vamos a retroceder en el tiempo, y vamos a hablar del momento en que un coche deja de servirnos y debemos construir uno nuevo más acorde con nuestras expectativas. La reconstrucción emocional.


Cuando pasamos por una etapa llena de sufrimiento y de desdicha es cuando nuestro coche, ese vehículo que nos ayuda a avanzar en la vida, de una forma u otra ha dejado de funcionar y de rendir con eficiencia. No estamos a gusto con nosotros mismos, odiamos nuestro entorno, nuestra vida y nuestra mala suerte. Si por nosotros fuera, borraríamos de golpe todo lo malo que nos ha ocurrido, todas esas experiencias negativas.

Pero... ¿qué hacer entonces? ¿Cómo lograrlo?

Es una pregunta complicada. En esos momentos de ofuscación mental estamos muy débiles anímicamente, y no hay apenas fuerzas para plantear una salida objetiva al asunto. Tenemos a nuestros amig@s y conocid@s, sí, pero el peso recae en nosotros, y nosotros debemos ser los que nos levantemos. Nuestros conocidos y familiares no pueden hacerlo por nosotros.

Para ello, en muchas ocasiones se necesita un "lavado completo". No basta con cambiar un par de cosas de nuestras actitudes o reacciones. No basta con decir "oh, no volveré a hacer eso, creo que me equivocaba". Todo cambio que sea para mejorar es un buen síntoma, pero a veces no es suficiente. Es como quitar una piedra de un camino lleno de obstáculos. Tarde o temprano volverás a tropezar.

Es en estos casos cuando conviene reconstruir nuestro "coche" desde 0. A veces uno necesita cambiar algunas cosas de manera radical, ya sea por culpa suya (mal trato o negatividad interna, entre otros), ya sea externa (malas relaciones, ambientes negativos, etc.). Hay que reconstruir desde el inicio nuestro nuevo coche, ¡pero ojo! sin basarnos en los conceptos del antiguo, o volveremos a repetir los mismos tontos errores. Tiene que ser una nueva creación, con lo bueno de lo anterior, sí, pero sin su influencia, sin sus limitaciones.

Esto es mucho más fácil de decir que de hacer. Como ya expuse antes, en esos momentos estamos muy débiles y no podemos afrontar la titánica tarea de mejorar nuestra vida desde dentro. Entonces... ¿nos quedamos tal como estábamos? ¿Nos resistimos al cambio? Para nada. Eso sería aceptar un fracaso temporal como modo de vida.

Lo normal en situaciones de esta índole es tomarse las cosas con calma e ir asimilando mentalmente (subconsciente) que necesitamos un cambio radical que nos saque de tanta negatividad. ¿Cuándo? Cuando se pueda. Lo importante es ir haciéndose a la idea, ir pensando en cómo queremos que sea ese nuevo coche que nos va a llevar de nuevo a la ruta de la vida, sin las fallas del anterior y sus problemas.

Un método muy eficaz para esos duros momentos en los que el mundo se nos viene encima, consiste en tomar notas por escrito (ya sea en PC o a mano) de lo que no nos gusta de nuestra situación actual, y lo que nos gustaría cambiar. Esa lista se tendría que ir repasando y releyendo día tras día, hasta que tengamos claro qué es lo que necesitamos y cómo lo vamos a conseguir.

Tras un tiempo prudencial, con las ideas ya más claras y la mente serena, comenzaremos a trabajar en ese nuevo coche. Olvidaremos el viejo, pues ya cumplió su función y no nos puede ayudar más.

Y sobre todo, lo más importante: No miraremos atrás. No nos ahogaremos en la nostalgia de lo que pudo ser y no fue, de las cosas que uno pudo hacer bien y falló. Aprenderemos de nuestros errores para no repetirlos jamás, y miraremos hacia delante, con una nueva perspectiva.

Hay un dicho que reza: "Ignorante no es el que no sabe, sino el que no quiere aprender más". Hay que aplicarlo a este caso, pues aquél que es incapaz de superar sus propias fallas y vivir anclado en el pasado está condenado a repetir los mismos errores una y otra vez. Cada vez se encadena más a sus propias debilidades.

La reconstrucción emocional es un proceso duro pero necesario en la vida. Hay ocasiones en que no queda más remedio que aplicarla, y debemos afrontarlo como algo natural y beneficioso. Sin agobios, sin culpas ni complejos, pero con la predisposición de querer dar el 100% y de ser consecuente y humilde con nuestros defectos y virtudes.

Pieza sobre pieza, ese nuevo coche se transformará en un vehículo robusto y fiel, que nos pondrá de nuevo en ruta y nos hará avanzar un poco más hacia la meta.

domingo 6 de abril de 2008

Stephen King - Cell

-Titulo: Cell

-Autor: Stephen King

-Género(s) Literario(s): Terror

-Extensión aproximada: 435 paginas en la edición de tapa dura.

-VALORACIÓN: 8 sobre 10 (recomendado)



INTRODUCCION

"Cell" es el título de una de las últimas novelas de Stephen King, editada en el 2006. Mucho se ha hablado sobre la decadencia progresiva de este escritor en estos últimos años, sobre si en verdad debería ya retirarse y no "vivir del cuento". Con "Cell" muchos teníamos la oportunidad de comprobar si en verdad esto era cierto o no.

¿Es cell la vuelta del rey del terror? ¿O por el contrario es su muerte definitiva?

Ni una cosa ni la otra... pero vayamos por partes...

TRAMA / ARGUMENTO (contiene parte de la trama)

Ésta es una historia de zombies. No de zombies que salen del cementerio convocados por rituales paganos, no. Personas humanas, tan reales como tu y como yo, que por algún extraño motivo, pierden cualquier conciencia humana al recibir -o emitir- una llamada desde el teléfono móvil. Esta perdida de conciencia, incluye el comportarse sencilla y claramente como bestias enloquecidas con todo lo que haya por delante.

¿Consecuencia de esto? Que se crean dos bandos, los que han usado el móvil, y por tanto están "infectados" y los afortunados que no... ¿Pero afortunados? En verdad no tanto.

Clay Riddell es el infortunado protagonista de nuestra historia. No tiene móvil. Cuál es su sorpresa, que al pasear tranquilamente en una apacible mañana por la ciudad ve desencadenarse el caos a su alrededor. La gente se vuelve loca, comenzando a atacar (matar) a los demás con las únicas armas de sus puños, uñas... y dientes.

Ante este despropósito, decide refugiarse en un hotel, donde encontrará mas gente "normal". A partir de ahí es una historia de supervivencia y sentido común frente a una aberración sin pies ni cabeza. Pues Clay tiene familia cercana, pero no en la ciudad donde actualmente se encuentra, sino a cientos de kilómetros al norte. Una mujer de la que ya está separado (Sarah) y sobre todo su pequeño hijo Jhonny cercano a los 10 años de edad. ¿Y si ellos también están infectados? Su ex-mujer no usaba móvil pero su hijo... Suponiendo que se han librado como él.. ¿y si los afectados les han atacado?

Dudas, temores, y esperanzas perdidas que acompañaran a Clay a lo largo de toda la obra. Siendo la búsqueda de ambos el verdadero motor de sus motivaciones.

ANÁLISIS

Cell no es para nada un mal libro. El comienzo es arrollador, de los mejores que he leído en mucho tiempo. En las primeras 5 hojas del libro todo indica normalidad y cordura, y enseguida saltan asesinatos, ataques muy explicitos y sádicos. La inmersión en el drama es total y absoluta. Fuera florituras y complejos recursos narrativos. Crudeza y terror sin concesión, a 100 por hora.

A partir de ahí, y como ya apunté antes, la obra se centra en la supervivencia del no muy numeroso grupo de supervivientes que Clay va encontrando por el camino. Esto, si bien recuerda un poco a la novela "Apocalipsis" del mismo autor, está trazado de forma mucho mas concisa y simple, sin entrar tanto en los detalles. Quizás mucho menos profunda... quizás divagando menos.

Y es que este es un libro, en el que si bien se nota la pluma de King, también se percibe un cierto cambio respecto a su estilo clásico. Para empezar está escrito siempre desde una sola perspectiva en tercera persona (Clay). Algo insólito considerando que este autor es maestro es usar siempre diferentes puntos de vista, a cada cual más pintoresco.

Por otro lado, no esperéis un hilo narrativo sublime en cuanto a complejidad. No aspiréis a ver las extrañas conspiraciones vida-muerte (insomnia) o el puzzle fatalista de un pueblo fantasma (desesperación). Mucho menos algo como "IT" o la ya citada "Apocalipsis" (Para mí de las mejores del autor y un derroche de talento, imaginación, etc.). La historia es simple, no tiene grandes sorpresas ni un final imprevisible.

Pero lo más importante: La trama es consistente y engancha. Dentro del seudo absurdo de desencadenar una especie de "Virus" por teléfono móvil, King se mueve dentro de la realidad presente. Muy peliculero, si queréis verlo. Aquí no hay "flash" volviendo al pasado... no hay mas puntos de vista... es una historia que descontando su inicio, es fiel a la realidad (se menciona que si puede ser un atentado terrorista, etc.). No hay "demonios" ni seres paranormales... aunque en cierto modo, si haya cosas "extrañas". Pero todo proviene de los humanos.

Pasemos a la extensión: un poco mas de 400 hojas. ¿Bueno o malo? Para mi perfecto. No se hace pesado, y cuenta lo que tiene que contar. Me encanta King, pero eso de que siempre tengan que ser 700 hojas... bueno, como se ha visto en esta novela, no es necesario, ni mucho menos. Es obvio enlazar esta "brevedad" con lo antes comentado de lo directo de la narración. King no divaga. Podría haber escrito una novela mucho mejor... quizás, pero no divaga. Y lo que cuenta no aburre. De una forma u otra siempre hay tensión.

Por desgracia no todo es bueno. Descontando algunos puntos ocasionales, el frenesí inicial se disuelve con el paso de las paginas llegando a una especie de "tensión apática" en el grupo. Esto es, no hay grandiosas actividades por parte de los "zombies", no hay retos imposibles, situaciones de extrema tensión -y adicción-. Por supuesto no es un camino de rosas, pero creo que King -si bien porque se esta haciendo viejo, si bien porque le ha dado la real gana- se ha conformado con no forzar mucho los hechos, y no dar giros argumentales espectaculares ni de gran creatividad.

Conclusión

¿El rey ha vuelto, o ha muerto? No se si ha vuelto, me decanto por el "no", pero tampoco ha muerto -si es que alguna vez se fue-. Esta obra no pasara a los anales de la historia (como quizás si hagan su saga de la torre oscura, apocalipsis, misery...) pero es un libro digno, y eso es muy importante.

Está claro que quizás decepcione a muchos de los lectores clásicos de king, debido a como ya he expuesto antes, la simpleza de la obra. ¡Pero ojo! Simpleza comparando con sus otros escritos. Como historia no está nada mal, y recalco: es muy entretenida.

Me parece encomiable que después de treinta años escribiendo, y similar numero de novelas (mas incluso) el tito King siga escribiendo y sacando "fósil" de donde aparentemente no hay.

¿Te gusta el terror y las películas de zombies de serie B? Es casi seguro que esta obra te gustará.

Se echa en falta algo mas de acción... mas tensión... más imprevistos y pongo varios ejemplos

a) Que uno del grupo fuese transformándose en zombie poco a poco...
b) Que raptasen a alguno del grupo y tuviese que escapar, siendo torturado, etc.

Detalles ausentes, que si bien no destrozan la obra, de haber estado le hubiesen dado mucha más calidad global.

No es una novela redonda. Podría haberlo sido, pero creo que King no se ha esforzado demasiado en ese sentido. Pese a esto, sigue siendo un libro muy recomendable, y que nos demuestra que el Rey, pese a achacoso con el paso de los años, sigue dando mucho que hablar. Y que siga así por mucho tiempo.

domingo 16 de marzo de 2008

El escritor multiusos



Escribir nunca ha sido una tarea fácil. Cargamos con el miedo al fracaso, la escasez de ideas, a no saber plasmar nuestros proyectos en un trozo de papel. Esos son miedos inherentes al ser humano y que siempre le acompañarán en menor o mayor medida -según su autoconfianza y preparación-, pero por desgracia no son los únicos miedos.

También existe el miedo a lo desconocido, y éste es uno de los peores y más absurdos.

El miedo a lo desconocido nace bajo la tenue sombra del conformismo. Imaginemos que tenemos ante nosotros a un escritor centrado en la novela de corte romántico. A priori él se desentiende con destreza dentro de tal ámbito, y no tiene objeción alguna en crear historias enrevesadas de amoríos y traiciones. Todo perfecto, sí.... pero ¿qué pasaría si tuviese que escribir algo fuera de ese rango? ¿Sería capaz de hacer una historia de terror? ¿Podría sorprendernos con un impactante poema?

Quizá sí... quizá no, pero lo triste es que muchos ni siquiera sabrán si pueden lograrlo. Simplemente ni se lo plantean.

Éste, si bien no un error constante, si suele estar bastante enmarcado en artes tales como la escritura o la música. En un guitarrista -o bajista, o pianista...-, podemos encontrar al típico sujeto que sólo sabe tocar o improvisar sobre bases, o bien de su grupo favorito, o bien de su estilo de música favorito, y no más. Pídele a un músico aficionado que toque un blues, algo de rock ochentero, algo de heavy metal, y por último un poco de pop actual o de flamenco. En muchos casos, podrás considerarte afortunad@ si puede interpretar no todos, sino varios de estos estilos.

En la escritura pasa lo mismo, y pese a que no es una negligencia grave, sí convendría tenerla en cuenta. Cierto es que cuando uno escribe siempre va a hacerlo con un cierto estilo y temática definida, pero eso no le debería impedir el improvisar a veces -quizá nada más que por gusto- con otras variaciones de su arte.

Hablo con conocimiento de causa. Yo suelo escribir fantasía y terror, me encanta leer y escribir sobre estos dos géneros, pero por suerte no me he cerrado a ellos. Gracias a esto, he participado en certámenes de todo tipo, incluyendo la poesía y el microrrelato. ¿Por qué no? Puede que no estuviese al 100% en esos temas, o que realmente no se me den bien, pero ¿por qué no intentarlo al menos?

Lo intenté, y gracias a ello los dos concursos en los que he sido galardonado por ahora -tengo otro, pero por ahora bajo secreto de sumario-, han sido sobre artículos en clave satírica. Nada de fantasía ni de terror, pese a que es mi ocupación principal, con diferencia.

Mi caso no es extraordinario o excepcional, para nada. Lo único elogiable es que en su momento tuve la amplitud de miras necesaria para arriesgarme a salir de mi contexto, y el talento suficiente como para ser recompensado por ello. No hay más secreto.

Esto equivale también a los músicos, a los pintores y dibujantes, a cualquier persona con vertientes creativas. ¿Por qué limitarse? Vale que siempre va a haber tendencias que te van a atraer más pero sería un error gravísimo que ignorases -o peor aún, despreciases- el resto.

A fin de cuentas, el arte es arte, sea del matiz que sea. El verdadero artista debería ser capaz de destacar no en una sección de su estilo, sino en su estilo en sí, haga lo que haga.

Y total, si no te satisfacen las nuevas áreas siempre puedes volver a donde te sientas más cómodo. Pero al menos lo habrás intentado, que de eso se trata.

domingo 9 de marzo de 2008

Exceso de equipaje


Imaginemos por un momento que nuestra vida no es más que un largo viaje en coche. Dentro de ese coche, que es nuestra alma, cargamos todos los pensamientos, ideas, ilusiones, alegrías y fracasos que hemos acumulado a lo largo del camino ya recorrido. Todos esos conceptos representan nuestro equipaje.

A veces, cuando viajamos, pensamos en llevar el mayor número de útiles para el viaje, y lo cierto es que en muchas de las ocasiones no lo necesitamos. No necesitamos cargar continuamente con cosas del pasado, con recuerdos absurdos que ya nada van a poder servirte, sino para no abrir los ojos de nuevo y afrontar los nuevos retos. No necesitamos llenar nuestro espacio vital con pensamientos que más que ayudarnos en nuestra travesía, lo que hacen es entorpecerla.

Imaginad ese coche cargado de cachivaches inútiles y que apenas puede avanzar debido a todo el peso que debe de soportar. ¿Es necesario que esto sea así? ¿Necesitamos de todas esas cosas? Alguno pensará que sí, que le son necesarias, pues sin ellas se sentiría vacío, casi “desnudo”. Pero esto no es cierto, no es más que miedo e inseguridad respecto a tu propia persona.

Lo cierto es que un coche, cuanto menos equipaje lleve, mejor.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que un coche que no lleve equipaje al inicio de su ruta tiene mucha más facilidad para añadir nuevos conceptos que uno que ya está saturado. ¿Que luego esos nuevos añadidos no te satisfacen? Pues no tienes más que librarte de ellos y dejar de nuevo el vehículo vacío. Pero al menos has tenido la oportunidad de experimentar nuevas opciones, y esto no habría ocurrido de tener ya mucho equipaje. No habría sitio para nada más.

Los recuerdos pueden ser buenos o malos, pero en mi opinión, en raras ocasiones son imprescindibles. Una mala experiencia conviene olvidarla lo antes posible, y centrarse en el futuro. Por supuesto uno debe aprender del error, pero no recriminarselo el resto de la vida; tiene que recuperar la ilusión. Por el contrario, una hazaña no es negativa de recordar en sí, pero tampoco debemos permitir que nos obsesione y nos ablande, pues al igual que en ese momento tuviste suerte o lograste lo que querías no siempre va a ser así.

Hay que estar preparado siempre para recibir lo imprevisible, lo bueno y lo malo. Y saber hacerle frente.

Quitar equipaje de nuestro coche nos libera en nuestro camino, nos quita de problemas, de dudas, de prejuicios ocasionados por fracasos del pasado. Quitar equipaje equivale a liberar nuestra alma y purificarla con la única fuente sagrada que se nos ha otorgado: la esperanza. Tenemos que volver a ser niños y dejar atrás los fracasos y los errores. Sí, nadie es perfecto y todos hemos cometido –y cometeremos- errores graves en la vida, pero gracias a esos errores aprenderemos a ser mejores personas.

Paso a paso. Piedra a piedra, erigiendo nuestra solidez como seres humanos

¿Qué se gana con recordar un fracaso amoroso, una traición, un desprecio? Nada más que amargarnos y ralentizar nuestro paso. Esto hará que la meta siga estando muy lejos, y nos parezca inalcanzable. Y es que nuestro objetivo no tiene fin, pues el ser humano nunca llegará a ser perfecto, pero cuanto más camino recorramos más cerca nos sentiremos de lo justo y lo elevado. Si mantienes tu coche cargado con las consecuencias del pasado no estás sino retrasando ese estado, negándote tu propia valía como ser humano y desperdiciando muchas otras facetas positivas que tienes por culpa de ciertas áreas en las que fracasaste. Nadie dice que esas áreas tengan que dominar tu vida. Y nadie dice que tengas que fracasar siempre en ellas.

Olvídate de todo ese pesado y aburrido equipaje y céntrate en conducir, en avanzar por la carretera observando y aprendiendo de los nuevos matices que el viaje te va a ir deparando. No busques nada en concreto, no lo pienses siquiera. Simplemente conduce, y antes de lo que piensas te habrás acercado a esa meta que todos anhelamos y pocos consiguen.

Para cuando lo hagas, no vas a necesitar nada de equipaje. Te parecerán cosas inútiles y que no necesitas.

Teniendo esto en mente… ¿Por qué no empezar desde ya con el cambio? ¿Por que esperar? Date una oportunidad. No pierdes nada por intentarlo.